Había nacido en aquél lugar, pero sentía que pertenecía al norte, que su cuerpo estaba hecho para aguantar bajas temperaturas, no las altas y sofocantes calores del lugar dónde se encontraba. A menudo solía pensar que de morir, moriría en la estación veraniega.
Así que ansiaba el retorno del frío, el otoño no quedaba ya demasiado lejos pero no podía evitar contar los días hasta su llegada.
Un día, se encontraba paseando cerca de un arroyo, lejos de las playas, y sintiendo el inmenso y revitalizante frescor deseó con todas sus fuerzas convertirse en invierno. Pasar de ser un pequeño duendecillo casero a ser una gran hada de la nieve. En esas elucubraciones estaba mientras se miraba el rostro en el arroyo, cuando se formó una cara en las aguas que le dijo:
-He escuchado la intensidad de tu deseo, ¿pero es eso en realidad lo que ansías? ¿convertirte en hielo o nieve? No podrías regresar al mundo más que cuando nevara. Tu espíritu no parece ser de aquellos que desean quedarse en un enclave determinado al que regresar estáticamente cada vez.
-Es cierto, pero de otro modo, ¿cómo podría librarme de este calor?- se quedó pensativa mirando las verdes hojas que se columpiaban perezosamente en los árboles- ¿Podría ser viento? Un viento helado o suave brisa.
-Es una buena idea pequeña, de esa forma podrías viajar dónde quisieras y residir en aquellos lugares que fueran de tu agrado.
-Y podría mecer las hojas de los árboles a mi antojo, jugar con las nubes e impulsar a los pájaros, acariciar a los hombres y llevarles mi frescor en momentos de necesidad.-su rostro se había iluminado con ilusión renovada. Se levantó, y en ese mismo instante, el agua del arroyo le envolvió creando una espiral ascendente que le elevó para liberarla en el mismo aire. Su deseo se había realizado. Convertida en una leve brisa osciló tímidamente entorno al margen del arroyo.
-Con el tiempo dominarás el arte del vuelo y podrás ir dónde quieras.-dijo el arroyo sonriendo.
La brisa se despidió del arroyo prometiéndole que volvería a visitarle cuando las primeras hojas de los árboles cayeran.
by EloraY así, siempre que llega el otoño, alrededor del riachuelo se puede disfrutar de una suave brisa que balancea las ramas de los árboles cercanos y que parece juguetear con el agua y los cantos que bajan rodando, para luego, según avanza la estación hacia el invierno, transformarse en una gélida ventisca que cubre con nieve todo el paraje hasta la llegada de la primavera, cuando se vuelve un viento dulzón que derrite las blancas sábanas de la nieve y revitaliza todo el bosque que había estado adormilado, y con el verano abandona el lugar hasta la siguiente estación.

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